Aula de Astronomía de Durango

 
 

Materiales complementarios

 
 

Comienzo del año y curiosidades del calendario

 ¿Por qué comienza el año en enero? Un capricho de los romanos.

En la antigüedad cada pueblo tenía su calendario y prácticamente todos empezaban con la primavera. El momento en que la naturaleza despierta de su letargo invernal y comienza un nuevo ciclo vital.

Pero no el primer día de primavera. Como el elemento fundamental para medir intervalos de tiempo más breves y más manejables que el año era el ciclo de las fases lunares, en muchos casos el comienzo era la primera luna nueva de primavera o la más cercana al día que empieza la primavera (equinocio).

Había excepciones: Los chinos comenzaban (y siguen celebrándolo) en la luna nueva más cercana al punto medio del invierno (cuando ya la primavera se aproxima). Los antiguos egipcios, que en principio también tenían un calendario lunar, fueron los primeros en establecer la duración del año como ciclo solar, cambio motivado por temas agrícolas relacionados con las inundaciones de Nilo, tomaron como referencia la primera aparición por la mañana de la estrella Sirio, que coincidía con las inundaciones, al comienzo del verano.

Los ciclos lunares dieron origen a los meses, y normalmente el año tenía 12 o 13 meses de 29 o 30 días,  número de meses variable para ajustar la duración del mismo a las estaciones. Cada civilización realizaba este ajuste de manera diferente. A veces cuando se veía que el calendario iba adelantado con respecto a las faenas agrícolas o en ocasiones estaba perfectamente calculado y regulado. Los musulmanes toman siempre 12 lunaciones por lo que el comienzo del año se va desplazando y  puede ocurrir en cualquier estación.

Los meses romanos de 30, 31 e incluso 28 días son una excepción y un ejemplo de una auténtica chapuza en la medida del tiempo, en la que se tomaban decisiones arbitrarias y se mezclaban a veces intereses políticos,

Los romanos en principio comenzaban el año también con el mes de marzo (por eso septiembre era el séptimo mes, octubre el octavo, noviembre el noveno) pero en un determinado momento decidieron cambiar el inicio, y aquí hay dos versiones diferentes de cuándo ocurrió.

a) Cuando Julio César reformó el calendario realizando varios cambios y fijando normas, finalmente decidió el cambio del comienzo, de marzo a enero, en el año 45 AdC.

b) Otra versión diferente, sitúa este cambio 100 años antes, en la conquista de Hispania, cuando las legiones romanas tenían problemas en Segeda para doblegar a los habitantes de la zona, decidieron cambiar el cónsul que tuviera nuevas estrategias militares y para que eso animara a los soldados, pero era enero y los cónsules se cambiaban con el comienzo del año. Lo solucionaron estableciendo el comienzo de año en enero.

 

Los años bisiestos

Pero ¿por qué hay años bisiestos?  La razón es que la duración del día no es un divisor de la duración del año natural. Si la Tierra tardase un número exacto de días en completar su órbita alrededor del Sol, los calendarios tendrían siempre esa cantidad de días todos los años y no habría problemas.

Las dos principales unidades de medida del tiempo, el día y el año, no son arbitrarias sino que se han tomado intervalos de tiempo que nos marcan claramente los ritmos de actividad: por un lado la sucesión día-noche y por otro la repetición del ciclo de las estaciones. Se suele decir que su duración corresponde a las de los dos principales movimientos de la Tierra; que una rotación dura un día y que una traslación dura un año, pero eso es una aproximación no exacta que en este tema de los bisiestos es conveniente precisar.

Un día, o periodo desde que el Sol está en la vertical de un punto hasta que vuelve a estarlo, es más largo que una rotación como se ve en el gráfico. 

En la Tierra un día es un 0,3% más largo que la duración de una rotación y en algún planeta hasta el 200%, y este punto es importante en este tema porque si un día durase lo mismo que una rotación, los años normales tendrían 366 días y los bisiestos 367. Tampoco el año es igual que la traslación porque aquí la referencia es la posición del eje de la Tierra respecto al Sol, y este eje va girando muy lentamente. En este caso la diferencia no es importante siendo solo del 0,003% por lo que se puede despreciar en intervalos no demasiado largos.

Al moverse la Tierra alrededor del Sol,  en el momento de completar su órbita no queda orientada de la misma manera que al principio, es decir que no es la misma hora, y no se han completado un número entero de días. Concretamente han transcurrido 365 días y cuarto aproximadamente.

Por eso si consideramos años de 365 días, cada 4 años se ha acumulado un día más que no hemos contabilizado y se añade en el mes de febrero dando lugar a un año bisiesto como ocurre en 2012. Si no se hiciese, con el paso de los años llegaría un momento en que en diciembre sería verano.

 

Origen histórico de los años bisiestos

Los bisiestos fueron establecidos por Sosígenes, el astrónomo de Julio César, en el año 45 a. C.  intentando poner orden en el desastroso y arbitrario calendario romano que variaba caprichosamente según los intereses políticos de los mandatarios.

¿De dónde viene el término BISIESTO? ¿Por qué se añade en febrero ese día?

En aquella época el año empezaba en marzo por lo que febrero era el último mes y parece lógico darle a él el día sobrante, siendo además el más corto. Lo curioso es que en época romana este día se ponía después del 24 de febrero, que era el sexto antes de marzo, y de esta manera lo nombraban los romanos. Así el día extra después del SEXTUS se llamó BISEXTUS y de ahí pasó a BISIESTO.

A este calendario que surgió con la instauración de los bisiestos se le llama Calendario Juliano, en honor a su promotor Julio César, a quien además se le dedicó un mes, que antes se llamaba “quintilis”, y se le dio el nombre de Julio.

Pero tras el asesinato de Julio César al año siguiente de implantar su calendario, se interpretó mal la norma elaborada por Sosígenes y durante varios años se establecía un bisiesto “cada tres años”, en vez de “después de 3 años”. El emperador César Augusto tuvo que volver a poner orden y arreglar el desajuste con lo que también se sintió merecedor de un mes dedicado a su persona. Así el mes llamado “sextilis” pasó a llamarse Augusto y de ahí agosto, pero había un agravio comparativo porque este mes tenía 30 días, uno menos que el de Julio César por lo que se le añadió uno más y se reajustaron los siguientes. Por eso tenemos 2 meses seguidos con 31 días.

Los nombres de los meses citados: quintilis, sextilis y los conocidos septiembre, octubre, noviembre y diciembre indican claramente un orden, que sin embargo no corresponde con su situación actual: septiembre no es el séptimo sino el noveno, ni octubre es el octavo, … El motivo es que, como se ha indicado, en principio el año empezaba en marzo. El propio Julio César, posteriormente a la reforma del calendario, cambió el comienzo del año a enero, aunque como se he citado, hay otra versión. Pero luego, en la Edad Media, en cada lugar se empezaba en distinto momento.

Durante siglos se utilizó este calendario juliano, según el cual todos los años múltiplos de 4 eran bisiestos, pero en realidad no era totalmente correcto porque afinando más, la duración exacta del año es ligeramente inferior a los 365 días y cuarto que se ha dicho, concretamente 365,242, con lo que según la norma de Julio César de añadir un día cada cuatro años, se estaban añadiendo días de más.

En el siglo XVI ya había un desfase de 10 días y esto afectaba seriamente a la Iglesia Católica en su cálculo para fijar la fecha de Pascua a partir del equinoccio de primavera que se había desplazado en el calendario por haberse añadido esos días de más. El papa Gregorio XIII abordó de manera definitiva el problema y tomó dos decisiones:

Por un lado suprimir los 10 días que se habían puesto de más, y del jueves 4 de octubre de 1582 se pasó al viernes 15 de octubre. Además, una vez calculado con mayor precisión la duración del día y el año, para ajustarlo exactamente al calendario determinó que no serían bisiestos los años que acabasen en 00 a no ser que sean múltiplos de 400. Por ejemplo 2100 no será bisiesto aunque es múltiplo de 4, como tampoco lo fueron 1700, 1800 ni 1900, pero sí lo fue 2000. Quienes vivan a finales del siglo XXI y principios del XXII tendrán 7 años seguidos no bisiestos, como los tuvieron en las épocas citadas.

 

Curiosidades debidas a la implantación del calendario gregoriano

La implantación de este calendario no fue simultánea en todos los lugares. Los países católicos lo aceptaron de manera inmediata pero en algunos lugares se mantuvo el calendario Juliano hasta bien entrado el siglo XX y ello ha producido varias curiosidades.

La más conocida está relacionada con la celebración del Día del Libro el 23 de abril, debido a que Cervantes y Shakespeare murieron precisamente el 23 de abril de 1616, pero en realidad no murieron el mismo día. Cervantes murió 10 días antes, ya que en Inglaterra siguieron  utilizando el antiguo calendario hasta 1752.    

También la biografía de Santa Teresa se vio afectada, ya que parece que murió precisamente el día 4 de octubre de 1583, y por lo tanto no pudo ser enterrada al menos hasta es día 15, sencillamente porque los días anteriores no existieron. De hecho su fiesta se celebra el 15 de octubre.

Algunos hechos históricos aparecen con dataciones diferentes según cual sea la fuente y qué calendario se maneje. Así el desastre de la Armada invencible el 8 del 8 de 1588 pierde su fecha redonda en el relato de los ingleses que ese día todavía estaban en julio.

La revolución rusa (conocida como Revolución de OCTUBRE) se conmemora el 6 de NOVIEMBRE porque es ese día cuando se cumplen los años. Justamente hasta esa revolución en Rusia se mantenía el calendario juliano y esa fecha era octubre.

Si se suelen quejar los nacidos el 29 de febrero porque pocas veces pueden celebrar el cumpleaños en su fecha, peor lo tuvieron los suecos y finlandeses que nacieron el 30 de febrero de 1712 porque no pudieron hacerlo nunca. Allí se había decidido cambiar poco a poco de calendario pero después de haber quitado un día, dieron marcha atrás y lo recuperaron añadiendo esa fecha, que no se repitió nunca.

En Transilvania el cambio lo hicieron en 1590 y si alguien celebró allí ese año la nochebuena, lo tuvo que hacer el día 14 de diciembre porque pasaron del 14 al 25.

Hay otros personajes famosos cuyo recuerdo también se ve afectado por estas discrepancias de calendario: Siempre se dice que Newton nació el día de Navidad y precisamente en 1642, el mismo año que murió Galileo. Ni lo uno, ni lo otro. Hoy, Newton no cumpliría años coincidiendo con los regalos de Olentzero, sino la víspera de la cabalgata de Reyes. En cuanto al año de su nacimiento, era 1642 en Inglaterra, pero 1643 en Italia donde hacía un año que había muerto Galileo en 1642.

Los países donde impera la iglesia ortodoxa, no aceptaron en calendario gregoriano hasta bien entrado el siglo XX, y actualmente siguen celebrando las fiestas religiosas cuando correspondería según el calendario juliano, (la diferencia acumulada es ya de 14 días) Si se adquiere un calendario en Rusia en el que estén marcadas las fiestas, es curioso observar que aunque básicamente es igual que el nuestro, están marcados en rojo el 28 de agosto (la ascensión de la virgen, para nosotros el 15) o el 6 de enero, porque aunque no celebran el día de reyes, ese día es Navidad.

Aunque en este caso no es problema de bisiestos, pero si del desacuerdo que ocasionaron en los diferentes calendarios, se puede citar que en el suelo de la catedral de Salisbury, en Inglaterra, se encuentra una tumba con una lápida muy curiosa: la de un niño que, según la inscripción que allí figura, literalmente “nació el 13 de mayo de 1683 y falleció el 19 de febrero del mismo año”. No es que muriera 3 meses antes de nacer, sino que hasta la aceptación del calendario gregoriano en Inglaterra seguían celebrando el comienzo de año en marzo al igual que al principio del calendario juliano, y el desdichado niño llegó a cumplir 9 meses.

Aunque estas historias son cosa del pasado, hoy en día cuando llega un año bisiesto nos podemos dar cuenta de que nuestra vida cotidiana sigue estando ligada a los movimientos de los astros y los intentos de la gente por cuadricularlos.

 

 
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